Palabra de Dios
Las
Sagradas Escrituras
En el ser humano existe una imperiosa
necesidad para acercarse a su creador, y de “escuchar la voz de Dios”. El Eterno mismo dejó evidencia de su
Palabra en lo que conocemos como la Biblia.
“La
BIBLIA es más que un tesoro histórico o un clásico literario para ser
preservado, admirado o aplaudido. Es algo más que un conjunto de documentos
sobre cuya base puedan exaltarse talentos de hombres doctos. La BIBLIA es la más grande de todas las obras del
Creador. Revela su mente, expresa su
voluntad y manifiesta su poder mediante palabras que, entre otros muchos propósitos, tienen poder para quitar la muerte y sacar a luz la vida y la inmortalidad de quien lee
con fe. No suponga entonces el lector que tiene en sus manos un libro que
el hombre hubiera podido escribir
de haber querido. Su maravillosa unidad y continuidad, y sus predicciones cumplidas, evidencian el
carácter trascendente y sobrenatural de la Obra. Sepa, por otra parte, que
tampoco es un libro que el hombre hubiera querido escribir de haber podido,
porque consistentemente habla en su contra y sin acepción de personas,
testifica contra él, exhibiendo sus rebeliones, perversiones y fracasos.
Si
con nuestra mente adulta, en cambio, creemos vivir en un planeta visitado por
Dios hecho carne, entonces, las palabras que Él dice revisten una importancia tal, que al considerar el Precioso
Texto, será imposible abstraernos de que el Libro nos confronta con asuntos que
exceden los límites de nuestra habitación temporal. Ante esta realidad, no
quien pretenda, sino quien humildemente aspire a traducir al Autor Exacto,
tiene que admitir ipso facto las
limitaciones y la futilidad que representa el depender de humanas disciplinas, y reconocer que, así como ante el DIOS TODOPODEROSO no es posible
acercarse con vanas repeticiones, tampoco ante su PALABRA es posible hacerlo
con la locuacidad de un espíritu liberal, como si se tratara con prolegómenos y
comentarios propios de diccionarios o enciclopedias. No; ante el Libro, uno se ha de acercar con
espíritu contrito, corazón hecho alheña y postrada actitud; con fe sencilla y
pies descalzos, limpios del mundanal lodo de las filosofías humanas, pues en
este caso particular, no es el lector quien juzga al Libro, sino el Libro al
lector.”
Fuente:
Prologo de la Biblia Textual tercera edición.
La Biblia que conocemos contiene 66
libros escritos en distintas épocas y por distintos hombres, cuyo contenido y
profecías no surgieron de iniciativa propia (1 Pe 1:20) sino que siendo
inspirados por Dios escribieron dicho contenido.
Cabe destacar que los primeros 39
libros de la biblia (el AT) fueron escritos en hebreo, llamada “lashon ha
qodesh” (lengua sagrada) ya que fue en esta lengua que el Eterno le plugo a los
patriarcas, a Moisés y los profetas para que recibieran el mensaje Divino. Los
otros 27 libros del NT fueron escritos en hebreo (es el caso de Mateo de
Dutillet y shemtov como otras evidecias externas de los demás evangelios), en
arameo (existen manuscritos en arameo de los evangelios y el libro de hechos) y
en griego los evangelios y las epístolas.
En la actualidad los descubrimientos
de la arqueología bíblica han resultado de gran beneficio en el proceso de
restauración de las Sagradas Escrituras. Hoy más que nunca la Iglesia se
encuentra en posesión de una base textual que la puede acercar maravillosamente
a los Autógrafos de la Biblia.
Es menester saber que las traducciones
en castellano con la que contamos, basadas en la versión Reina Valera tienen
numerosas variantes (más de 250.000 en
el nuevo testamento) esto se debe a que está fundamentada en un tipo de
texto secundario, tardío y fusionado con variantes acumuladas durante más de
catorce siglos. La inexistencia de la imprenta y la poca vigilancia a la
fidelidad de las Escrituras en esa época, hacía que los copistas cometieran
errores o añadieran su punto de vista dentro de la Biblia. Además se conoce que
entre el siglo III y el
siglo XV existió una
especie de “monopolio de la Biblia” por parte de la iglesia católica, lo que
supone que las Escrituras fueran “permeadas” de ideologías Papales y filosofías
humanas.
Ante estas evidencias debemos
interesarnos en un problema que surge, tratando de responder a estas preguntas:
¿Cuál es el texto original? ¿Qué dice el Supremo Creador?
Lo primordial entonces es reconocer que no
todo lo que está escrito en las versiones castellanas es Palabra de Dios. No se
trata de conocer lo que el Autor Divino quiso o supone decir en castellano,
sino lo que ÉL DICE en hebreo, griego y arameo. Actualmente
un grupo de expertos en crítica textual realizan revisiones y correcciones
tomando en cuenta esa realidad.
Aunado a esto, existen principios
fundamentales en las mismas Escrituras
para que el creyente no se deje llevar por cualquier viento de doctrina y error
(Efesios 4:14) tergiversando la voz del Eterno.
PRIMER PRINCIPIO: LA DOCTRINA DE YESHUA VIENE DE DIOS Y
TODA LA ESCRITURA DA TESTIMONIO DEL MESÍAS.
En una ocasión al Maestro de maestros
les dijo a los fariseos: “Escudriñad las Escrituras, porque a vosotros
os parece que en ellas tenéis la vida eterna, y ellas son las que dan testimonio de mí;” (Joh 5:39 R95). Dar testimonio significa que lo que dice de Yeshua es
veraz, no hay engaño en Él y que desde el principio hasta el fin las escrituras
deben dar fe del mesías.
En esa época
existían dos grandes escuelas de interpretación, y ambas se puede decir que
manipulaban las Escrituras. Una de ellas lo hacía para invalidarla a favor de
sus tradiciones “Les decía también: -- Bien invalidáis el mandamiento de Dios para
guardar vuestra tradición, (Mar 7:9 R95)
y “Respondiendo él, les dijo: --
¡Hipócritas! Bien profetizó de vosotros Isaías, como está escrito: "Este
pueblo de labios me honra, mas su corazón está lejos de mí, pues en vano me
honran, enseñando como doctrinas,
mandamientos de hombres", (Mar 7:6-7 R95)
y la otra escuela, peor aún, cambiaba el significado de las palabras. Por
eso Yeshua expresó claramente que su doctrina no venía de los hombres: “Jesús les respondió y dijo: -- Mi doctrina no es mía, sino de aquel
que me envió. El que quiera hacer la voluntad de Dios, conocerá si la doctrina es de Dios o si yo hablo
por mi propia cuenta.”(Joh 7:16-17 R95)
Esto no es
superfluo, ya que Yeshua como el mesías tiene toda la autoridad de
magnificar la Torah por la profecía de Isaías 42:21 “YHVH se complació por amor de su justicia en magnificar la Torah y engrandecerla (darle poder)” como la
samaritana expresó: “Le dijo la mujer: --
Sé que ha de venir el Mesías, llamado el Cristo; cuando él venga nos declarará todas las cosas”. (Joh 4:25 R95)
¿Si la doctrina viene de Dios y no de los hombres, pueden
las personas realizar interpretaciones privadas de las Sagradas Escrituras?
La respuesta es NO. Por eso el apóstol Pablo exhorta a la Iglesia de
Colosas diciendo: “Que nadie os prive de vuestro premio
haciendo alarde de humildad y de dar culto a los ángeles (metiéndose en lo que
no ha visto), hinchado de vanidad por su propia mente carnal, pero no unido a la Cabeza, en virtud de
quien todo el cuerpo, nutriéndose y uniéndose por las coyunturas y ligamentos,
crece con el crecimiento que da Dios.
Si habéis muerto con Cristo en cuanto a
los rudimentos del mundo, ¿por qué, como si vivierais en el mundo, os
sometéis a preceptos tales como: "No uses", "No comas",
"No toques"? Todos estos preceptos son solo mandamientos y doctrinas de hombres, los cuales se
destruyen con el uso. Tales cosas tienen a la verdad cierta reputación de
sabiduría, pues exigen cierta religiosidad, humildad y duro trato del cuerpo; pero no tienen valor alguno contra los
apetitos de la carne.” (Col 2:18-23 R95) y Pedro
escribe: “Pero ante todo entended que ninguna profecía de la Escritura es de
interpretación privada (iniciativa propia), porque nunca la profecía fue
traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo.” (2Pe 1:20-21 R95)
SEGUNDO
PRINCIPIO: LA ESCRITURA NO PUEDE SER QUEBRANTADA.
El salmista escribió en el Salmo 19 lo
siguiente: “La ley de YHVH es perfecta: convierte el alma; el
testimonio de YHVH es fiel: hace sabio al sencillo.” (Psa 19:7 R95).
La palabra que allí aparece como perfecta en el original hebreo es Tamim, tiene que ver con la integridad
del Cordero sin mancha, sin arruga y sin defecto que era nuestro Señor Yeshua.
Es decir, significa que la Torah
(instrucciones o palabras del Eterno) es inobjetable, libre de imperfecciones,
honesta, sincera, intacta y entera. Es por esto que el Espíritu Santo por
medio de la pluma del apóstol Juan declara: “(y la Escritura no puede ser
quebrantada)”, (Joh 10:35 R95)
TERCER PRINCIPIO: LA ESCRITURA NO TIENE UN CARÁCTER
AMBIGUO.
Los estudiosos
judíos hablan acerca de “las setenta caras de la torah”, tomando en
consideración que la Palabra de Dios puede poseer “varios puntos de vista” y
“adaptarse a la realidad humana” cuando en realidad no es así, ya que esto viola directamente el carácter del Eterno: “Jesucristo es el mismo ayer y hoy y por los siglos. (Heb 13:8 NBH) y como sabemos Yeshua “En el principio era el Verbo, el Verbo
estaba con Dios y el Verbo era Dios.” (Joh 1:1 R95)
Por otro lado la
cultura occidental está acostumbrada, a aislar versículos de la Biblia y a
partir de ello crear teorías y falsas
doctrinas, ignorando que las Escrituras son un sistema completo, complejo, único y perfecto. Por esto el
Salmista declaró: “EL PRINCIPIO DE TU
PALABRA ES VERDAD, y eterno es todo juicio de tu justicia”. (Psa 119:160 Katz).
También tienden a
creer que las verdades son relativas dando falso testimonio del mesías: “Jesús le dijo: -- Yo soy el camino, LA VERDAD y la vida; nadie viene al
Padre sino por mí”. (Joh 14:6 R95).
Por lo que las
sagradas Escrituras son un sistema axiomático, y esto es, una verdad absoluta.
CUARTO PRINCIPIO: LAS ESCRITURAS NO SE CONTRADICEN Y NO
HAY NADA SUPERFLUO EN ELLAS.
“Pero persiste tú en lo que has aprendido y te
persuadiste, sabiendo de quién has aprendido y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la
salvación por la fe que es en Cristo Jesús. Toda la Escritura es inspirada por
Dios y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en
justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado
para toda buena obra.” (2Tim 3:14-17 R95)
Las Escrituras son inspiradas por Dios
y como Él no se contradice, las Escrituras no se contradicen, además, como Dios
inspiró cada una de las palabras es porque cada una de ellas es de suma
importancia. Esto se resume en esto: buscar la no existencia, al menos de un
versículo, que EN SU DEBIDO CONTEXTO contradiga “alguna teoría” o “exegesis”. De suceder lo antes
dicho la Escritura invalida dicha “exegesis”.
QUINTO
PRINCIPIO: NO AÑADIRÁS NI DISMINUIRÁS DE ELLA.
Por último pero no menos importante
tenemos la siguiente declaración en Deuteronomio: “No añadiréis a la palabra
que yo os mando ni disminuiréis de ella, para que guardéis los mandamientos de
YHVH, vuestro Dios, que yo os ordeno” (Deu 4:2 R95).
El peligro de
añadir o disminuir a la Palabra del Eterno, y claro está, desobedecerla, quedó
evidenciado en Eva. Cuando la serpiente le preguntó acerca de comer de todos
los árboles del huerto “La mujer
respondió a la serpiente: -- Del fruto de los árboles del huerto podemos comer,
pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: "No
comeréis de él, ni lo tocaréis, para que no muráis"
(Gen 3:2-3 R95) cuando la voz
del Eterno dijo: "De todo árbol del huerto podrás comer; pero del
árbol del conocimiento del bien y del mal no
comerás, porque el día que de él comas, ciertamente morirás". (Gen 2:16-17 R95)
El apóstol Pablo
expresa “y Adán no fue engañado, sino que
la mujer, siendo engañada, incurrió en transgresión.” (1Ti 2:14 R95) quedando en evidencia además que el Eterno
en ningún momento le dijo a Eva: “ni le tocaréis”
CONCLUSIONES
El violar, quebrantar, torcer, añadir,
disminuir y/o trastocar las Sagradas Escrituras distorsiona la voz de Dios,
extraviando los sentidos de las personas para su propia perdición y engaño.
Podemos ver con
preocupación dentro
del ámbito del estudio de las Sagradas Escrituras que existen muchos temas que
a la vista no parecen controversiales, aun más, se piensan “muy claros“ en las
congregaciones, pero ciertamente no es así, por condicionar el contenido
de los oráculos divinos con experiencias, añadiduras, extracciones y
pensamientos humanos.
Es por ello que el apóstol Pedro hace
una aseveración: “Y tened entendido que la paciencia
de nuestro Señor es para salvación; como también nuestro amado hermano
Pablo, según la sabiduría que le ha sido
dada, os ha escrito en casi todas
sus epístolas, hablando en ellas de estas cosas; entre las cuales hay algunas difíciles de entender, las cuales los
indoctos e inconstantes tuercen (como también las otras Escrituras) para su
propia perdición.” (2Pe 3:15-16 R95)
Exhortándonos
también “Así que vosotros, amados, sabiéndolo
de antemano, guardaos, no sea que arrastrados por el error de los inicuos
caigáis de vuestra firmeza. Antes
bien, creced en la gracia y el
conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. A él sea gloria ahora y hasta el día de la eternidad.
(2Pe 3:17-18 R95)
Se puede entonces
inferir que todos estos principios se encuentran enmarcados en uno más grande
aún, que el Mesías Yeshua y el Espíritu
Santo son UNO (la misma persona): “Y
yo rogaré al Padre y os dará otro (semejante a mí) Consolador, para que esté con vosotros para siempre” (Joh 14:16 R95) “Pero el
Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas y os recordará todo lo que yo os he dicho.” (Joh 14:26 R95)
“Pero cuando venga el Espíritu de
verdad, él os guiará a toda la verdad, porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oiga
y os hará saber las cosas que habrán de venir. (Joh 16:13 R95)
“Santifícalos en la verdad; tu palabra es la verdad” (Joh 17:17 NVI) nos propone ineludiblemente
lo siguiente: “La Palabra de Dios (la Biblia) se interpreta a sí misma”.
SU PALABRA SON ESPÍRITU Y VIDA
SU PALABRA NOS LIMPIA
SU PALABRA ES LA ESPADA DEL ESPÍRITU
SU PALABRA ES VIVA Y EFICAZ
SU PALABRA NOS LIBERTA
SU PALABRA NOS IMPIDE MORIR
ETERNAMENTE
SU PALABRA ES FIEL Y VERDADERA
SU PALABRA NOS SANTIFICA
YESHUA
ES LA PALABRA DE DIOS Y NO SE PUEDE TORCER LO QUE ES TAMIN (INTEGRO), ÉL ES
VERAZ Y NO HAY ENGAÑO EN ÉL, ES EL CORDERO SIN MANCHA SIN ARRUGA Y SIN DEFECTO.
YESHUA DIJO: “YO PARA ESTO HE NACIDO Y PARA ESTO HE VENIDO AL MUNDO:
PARA DAR TESTIMONIO DE LA VERDAD. TODO AQUEL QUE ES DE LA VERDAD, OYE MI VOZ.” (Joh 18:37 R95)